miércoles, 30 de diciembre de 2015

Aunque sea por primera vez.

Escribir no es tan simple, describir emociones o situaciones es algo más que deslizar tinta sobre papel; pero comprender lo que está escrito o lo que se quiso transmitir, tampoco es tarea fácil; así que hoy, quiero extender un enorme agradecimiento a ti que me lees... aunque sea por primera vez.

Gracias por creer en las historias de amor, por aprender que no todas son como se espera, que no todas son eternas; por ser compañía en la soledad, por ahuyentarla y cuando es necesario, ser pretexto para traerla de vuelta. Gracias por ese nombre que pasa fugazmente por tu mente mientras lees un post, por las dedicatorias en silencio; por ser más que un número; por ser inspiración para cada pluma que pasa por mis dedos. Gracias por darle un sentido nuevo a cada palabra, a cada sentimiento, por permitirme recolectar historias para después contarlas como deben ser contadas: con la intensidad adecuada.

Gracias por compartir, por compartir conmigo la maravilla que perderse en las letras desencadena; por hacerme saber que escribo para alguien más que para mí; por relacionar canciones con lo que publico. Gracias por ser razón, motor, motivo y paciencia; por abrir la puerta.

Muchas veces, las personas dan por hecho lo que sientes, pero es necesario decirlo para que lo sepan, para que las dudas desaparezcan. Porque todo lo que empieza como un borrador lleno de errores por corregir, termina en tus manos y hace que todo valga la pena.



Siempre con amor...
A.A.

martes, 1 de diciembre de 2015

De Agosto a Diciembre.

Hoy, encerré en hojas de papel cultura, la historia de unas cuerdas, encerré magia, cosmogonías y guardé en la mochila un triángulo, un cuadrado y un círculo integrado por más de un universo de sentido. Traje a casa cinco voces que ahora me persiguen cuando mi vista se encuentra con la imagen que sea; traje significados que al principio no entendí, conceptos que me ayudaron a comprenderlos y la admiración por quien me los enseñó por completo. Cargué en mi espalda afirmaciones, contrastes y contradicciones de una noche que también se me aparecen de tanto en tanto.

De Agosto a Diciembre me llevo una media noche en París, un año y dos Noviembres en dos horas, las llamas de un incendio, la opción de atravesar un laberinto, cien años para lograr la libertad y la pérdida por momentos de la cordura. Se queda conmigo el dibujo de un bigote sobre unos labios rojos, las respuestas a trece preguntas, los colores del arte, la belleza del lenguaje, se queda cada una de las letras que pasaron por mis manos, por mi mente, por mis tímpanos y por mis ojos; se me queda la apropiación de un mundo al que ahora, le hará falta quién invite a cuestionarse de manera peculiar lo que en éste acontece.

Esta noche, me llevo una pizca de cada sonrisa, mis lágrimas, la dosis necesaria de canciones y películas para sobrevivir a un frío invierno, el silencio que muchas veces hacía falta, la promesa que se le hizo a un fantasma años atrás y la pasión con la que se cumplía, las palabras de quienes inspiraron las que aquí se presentan, la alegría de encontrarme con ese andar siempre a prisa y sobre todo esta noche, me llevo la maravilla de coincidir.


Para el Mtro. Erick Suaste
y el grupo de Lenguaje, Cultura y Poder 
por ser una sustancia en mi vida.
Con todo el cariño y la admiración,
su siempre alumna...

A.A.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Ósculo(s).

Hay algunos con los que te derrites en el infierno y te haces nube al mismo tiempo; que te hacen sentir que llevas las cuatro estaciones dentro, que ya no tienes que llegar al final del arcoiris porque estás en la cima y desde ahí disfrutas la vista; otros, con los que te dan ganas de ver tu reflejo en los charcos pequeños que dejan los aguaceros, como recordar un buen sueño, como los inesperados reencuentros...

Otros más con los que ya no es necesario voltear al cielo para ver la luna, porque la encuentras en una mirada, como si un músico te cantara una de sus inéditas canciones al oído, como si supieras elegir cuál de todas las existentes es tu favorita. Algunos que te hacen sentir la misma tranquilidad que cuando apagas la luz de una vela, como un suspiro que a tiempo llega, que nadie cuenta; como la tempestad inminente, como la calma que le sucede. 

La misma sensación que la primer y última lágrima dejan, como si el sol no saliera tan lento, como si la noche durara más tiempo, como si el tiempo se detuviera... Como si nada más existiera. Hay unos que te hacen sentir la calidez de un abrazo, perder el miedo a quedarte, a encontrarte; que te solucionan la vida complicándotela, llenándotela; que te cierran las heridas, aunque se conviertan en una; algunos que te hacen olvidar lo que el olvido es y que te llevan más lento para saber cuándo decir "te quiero".

Placeres de la vida que disfrutas con los ojos cerrados y el alma desnuda. Hay unos que valen la pena ser leídos, afortunados son quienes los han vivido. ¡Y es que con besos así podría enamorarme todos los días! Así de sencillo. Con tan sólo tres veces, con tan sólo tres besos, con tan sólo tres versos.

A.A.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Querer queriendo.

¿Que si te quiero? Querer, a muchos nos da pánico, nos da miedo. "Querer" es una palabra llena de preguntas, de acertijos, de dudas. Querer evoluciona, te atrapa, te espera, te arrumba, te derrota. Te derrota la incertidumbre de saber que ya no te perteneces íntegramente; de no saber expresar qué sientes en el estómago, en el pecho; de no poder explicar por qué de repente, todo parece nuevo...

¿Qué si te quiero? No es malo, ¿cierto? Uno puede querer aunque dé miedo, aunque el recuerdo duela después de un lapso; querer a pesar de las heridas que no cierra el tiempo. Querer sabiendo que no hay que entregarlo todo, porque no es necesario; que dar y recibir son dos palabras que van implícitas en el mismo verbo.

Querer a momentos, momentos de tiempo completo. Querer entre líneas, querer en prosa, querer en verso. Querer en poema, en canción, con letras; querer con ruido, querer en silencio. Querer para descubrir al destino, para crear nuevos universos de sentido. Querer estando, inventando, pero sobre todo, querer repleto. Querer a vivir, porque querer a morir es demasiado sencillo. Querer viviendo.

Que sí, te quiero.


A.A.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Meses y olvidos.

Noviembre casi llega y sólo te vi una vez, después de meses de no saber de ti. Meses en los que me pasa justo lo mismo que hoy: Te recuerdo.

Te recuerdo en las canciones que recorriste hasta que encontraste la que querías escuchar, en tu nombre que se me aparece de repente cuando enciendo la televisión o que mencionan personas que me confirman cuán pequeño es el mundo.

Te apareces en el cenicero o en mis manos llenas de tus huellas, en las fotos donde tu sonrisa se burla en silencio de mi esperanza de encontrarte de nuevo. Te recuerdo gracias a tu insoportable costumbre de desaparecer, a la insoportable duda que ronda por momentos y llega a susurrarme más y más recuerdos.

¿Cuántos olvidos más son necesarios para que regreses? Porque necesito tu calor para sobrevivir al invierno, para sobrevivir otro Enero.

¿Cuántos olvidos son necesarios para que te quedes? Para que me llenes el alma de jacarandas con lo mucho que te pareces a Abril, aunque seas Diciembre.

¿Cuántos más son necesarios para que decidas si te vas definitivamente? Para saber que no escucharé más tus palabras, ni veré tus gestos. Para dejar de mirar hacia atrás. Dejar de mirar el pasado y lo bien que estábamos estando juntos. Para poder despedirme del lunar de tu brazo, de las pecas de tus mejillas, de tu voz de madrugada. Para saber que sí es una despedida, para poder despedirme de ti con la certeza de que ésta vez ninguno de nosotros sabrá qué es lo que le espera.


A.A.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Puerta cerrada.

"Adiós" fue la última palabra que escuché de su voz. ¿En serio se iba? Sí. En serio. Se fue. Se fue llevándose muchos de mis días felices guardados en su maleta y dejándome impotencia con las llaves que tenía de la puerta. Misma puerta que lo despidió con un sonido titubeante mientras la cerraba, como si ella también supiera que era la última vez que sus dedos rozaban el marco de madera. 

Cerró la puerta de la misma manera que cerró mi pecho en el momento de su partida y me dejó fuera, fuera de mis emociones, de cualquier sensación. Cerró mi pecho cuando estaba fuera de mí... Por lo tanto, cuando regresé a ver si algo había quedado antes de convertirme en el desastre que era, sólo encontré el eco que me devolvía el otro lado de la cerradura. Encontré una rara especie de vacío, encontré las ruinas del amor que nos habíamos tenido.

Me encontré con las ganas de asignarle un recuerdo a cada gota de lluvia, para que al día siguiente, amanecieran evaporados, acumulados en un lugar desconocido. Me encontré con la duda de ¿cómo hace un cuerpo para seguir funcionando incompleto? ¿Cómo se las ingenia para que aún estando roto, no escuchen otros el sonido que hacen a cada paso sus piezas?

Todavía no sé la respuesta.



A.A.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Instantes y despedidas.

Todo sucedió por instantes. Mi mirada y la suya se encontraron mientras llegaba. Después, cuando ambos sonreíamos; cuando a unos metros de él, hablaba de las coincidencias de la vida; cuando me senté cerca de su cuerpo y en seguida entablamos una irrelevante conversación y me distraían las preguntas que se formulaban a nuestro alrededor. Se encontraron cuando discutíamos sobre el tiempo y por fin, no sólo se hallaron nuestras miradas, se tropezó (por milésimas) también nuestro tacto.

Todo continuó en instantes. Palabras entrecruzadas, interminables miradas, sonrisas debajo del cristal de un vaso, emoción contenida debajo de la piel, la música resonando en los oídos de los que estábamos presentes; pasos de baile con alguien que no conocía, con quien me interrogaba para que le contestara con toda la verdad y una sola mentira...

Hasta que finalmente, nuestros cuerpos se descubrieron coordinados. Todo instantes. Mis labios formaban cada una de las sonrisas que me pedía, mis brazos giraban como él quería y mi corazón era un solo latido, interrumpido por la adrenalina.

Y de repente, se nos fue la tarde. Besos en la mejilla. Instantes. Despedidas. No quise decirle mi nombre por temor a que lo olvidara y así, con la certeza de no volver a vernos una vez más, nos dijimos adiós entre los segundos eternos de alevosía de nuestro primer y último beso.


A.A.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Propuesta

Ven a vivir conmigo, ven a quitarle a mis pies el frío; ven para que tu temperatura y la mía formen con mercurio la palabra juntos. Ven y trae la primavera a vivir con nosotros. Vive conmigo para sentir la fuerza de tu abrazo arqueando mi cintura mientras me abrazo a tu cuello, para que te des cuenta de lo bien que me sienta sentarme a tu lado; para pegar mi mejilla a tu pecho, para que tu latido sea mi compás, para no tener que despedirnos por más de un día, para recordarte teniéndote cerca.

Ven a desordenar mis ideas y mi cabello con las yemas de tus dedos. Ven a vivir conmigo para que hablando de besos, nos volvamos uno, para separar las oraciones con ellos; para hacer que 14 segundos se queden en la memoria de nuestros labios. Ven para detener el tiempo, para hablar de madrugada cuando el insomnio llegue inesperadamente a visitarnos; para que me cuentes de nuevo lo mucho que te enoja el mundo, para con una sonrisa alentarte a que lo cambies, como cambiaste el mío. Ven a contarme en otro idioma, antes de dormir, los viajes que has hecho, ven a planear los que tú y yo haremos.

Ven para disfrutar los días nublados, para gozar los golpes de las gotas de lluvia en las ventanas. Ven a vivir conmigo y hazme desistir del propósito de ocultarte cuánto te necesito. Ven a vivir conmigo para dejar de preguntarnos cómo sería, para saber si nuestros desórdenes juntos funcionarían.



A.A.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Carpe diem.

Desperté como cualquier día, esperando que fuera algo monótono, rutinario... Pero no sucedió. 

Había olvidado lo que era despertar temprano y vi un amanecer que, a pesar del tiempo, seguía en mi nombre. Compré un café y descubrí, al acercarme al buzón de quejas y sugerencias que quería encontrar alguna que pudiera ser aplicable a mi vida. 

Caminé más de dos veces por los mismos camios, encontrándome algo nuevo cada vez; me siguió alguien que tampoco sabía a dónde iba; me perdí (desde hace mucho) y hoy, continuó la incertidumbre de no saber en dónde podía encontrarme. 

Leí poesía, derramaba contadas lágrimas y le daba los mismos cinco colores intermitentes a las páginas de un libro que terminó repleto de ellos, mientras el sol me golpeaba la espalda y por momentos llegaban las nubes a minimizar la sensación. 

Abracé a mi pasado vigente y me encontré a varios de mis errores vestidos de blanco. Escuché una historia de amor enredada y sonreí para mis adentros, porque el amor no tiene otra forma de ser. Me sumergí en el silencio de estantes llenos de letras, líneas e historia(s) hasta que, después de todo, localicé lo que necesitaba. 

Observé la escala de grises que se me presentaba en el cristal de la ventara, para finalmente, mientras el cielo se apagaba y la ciudad se encendía poco a poco, regresar a casa por la ruta que conozco.



A.A.

jueves, 6 de agosto de 2015

Inenarrable.

Escribir para ti jamás ha sido fácil, tengo que buscar algo que no te hayan dicho, algo que no hayas escuchado antes; pero es imposible. Y a falta de ello, decido que mi única opción es darte lo que va regando la tinta de la pluma que sostiene mi mano derecha con tus contadas, pero inolvidables caricias tatuadas en el dorso. Decido escribirte sin saber si lo leerás, con la esperanza de que así sea.

Hoy, decido escribirte para celebrar tu existencia, la fuente inagotable de inspiración que eres desde que te conozco; el extraordinario hecho de que hayas erizado más veces mi piel con tus melodías, que con tu tacto; las madrugadas y amaneceres interminables en las que has estado presente, el aliento que pierdes con poca frecuencia y el que me haces perder continuamente; tu voz constante en mi oído invitándome a quedarme y el tiempo persiguiéndonos, sin importar el camino; tus ojos claros cerrados, la sensación de tu barba en mi mejilla y las inenarrables marejadas que provoca en mí el saberte tan cerca. 

Te escribo para hacerte saber cuánto te disfruto desde hace ya varios años, a ti y al sonido de cada mañana en tus labios; para contarte que voy creando monstruos de ti mientras escucho ciertas canciones, que digo tu nombre a donde voy para que cuando llegues, me encuentres de a pocos.

Te doy  la catarsis de mis palabras, la sonrisa que me provoca el tener tu mirada fija en la mía y un agradecimiento más por la asombrosa compañía que eres aún en la soledad... Y por la tempestad que con tu voz, he disfrutado desde hace tantas vidas, desde hace tanto tiempo.



A.A.

sábado, 4 de julio de 2015

La octava y última vez.

Nuestra historia fue un inicio intermitente en una despedida constante. Nosotros, somos el ciclo de lo inevitable; tu pasado insmiscuyéndose en el presente que tenía para regalarte y mi terquedad y mi impaciencia, que nunca me dejaron quedarme.

Hoy, el reloj sigue corriendo y en mi memoria permanecen tus palabras, que se me van apareciendo entre personas que nada tienen que ver contigo; como tus caricias, que voy buscando en manos desconocidas para al final del día, resignarme a olvidarlas, dándome cuenta de que encontrarte diariamente se me volvió una terrible costumbre. 

Hoy, después de demasiado, de lo que hemos -y no- pasado juntos o cada quien por su lado, te digo por octava y última vez que, aunque sé que me dueles y podrás dolerme por un plazo indefinido de reencuentros, he dejado de esperar tu regreso; con la excepción de que ahora... Ahora lo digo en serio. 


A.A.

domingo, 21 de junio de 2015

Lo que nos debemos hace tiempo.

He aquí el recuento de todo lo que nos faltó por dar, lo que no hicimos desde que te conozco; desde que creo tener una idea de quién eres -acertada o no-. Todo lo que nos debemos desde el principio: 

Me debes los besos que me mandaste y dejaste para que se perdieran en el viento. Te debo todo lo que pude escribirte, pero que no supe si leerías. Nos debemos las calles por las que no anduvimos. Me debes tu voz en mis oídos, tus susurros tranquilos. Nos debemos los viajes que planeamos, los cafés y los recuerdos pendientes. Nos debemos las sonrisas y los sentimientos que pudimos provocarnos, las risas mutuas que no escuchamos. Nos debemos el placer de sabernos, de querernos. 

Te debo lo que no soy y la sorpresa de que me encuentres. Tus ojos me deben las miradas que nunca vi y los míos te deben su resplandor por momentos. Te debo lo que no tuve el valor de decirte. Me debes las despedidas que olvidaste por tu insoportable costumbre de desaparecer. 

Me debo tantita fuerza de voluntad para dejar de esperarte y tú, te debes la oportunidad de quedarte. Nos debemos y nos deberemos mucho, aunque... A fin de cuentas, ninguno de los dos pague. 



A.A.

martes, 16 de junio de 2015

La música que serás siempre.

Te voy encontrando a momentos, a segundos que quisiera prolongar para sentir que estás aquí, conmigo; tomando mi espalda con la fuerza suficiente para sentirme protegida; para verte guardar tu inigualable sonrisa en medio del candado de tu barba y darte la mía con los ojos cerrados, porque sabía que la cuidarías; para sentirte en mi mano derecha, donde debería estar el anillo que  me regalaste pero que ahora, llevo a donde vaya, roto en mi cartera. 

Desearía encontrarte no sólo en una fotografía o en las canciones que solías cantar y que en estos días, escucho con frecuencia. Desearía encontrarte siempre, sin importar los pasos que doy. Desearía que estuvieras aquí para no tener que estar escribiendo esto, para no escribirte cada cierto tiempo; para que devolvieras la armonía que le falta a mi vida desde que no estás; para que fueras la música que serás siempre, componiéndolo todo sin importar lo lejos que te encuentres. 



A.A.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Agenda llena.

Perdóname, pero no está en mis planes romper tu corazón. Estoy ocupada. Hoy no tengo tiempo. No tengo tiempo de pretender que te quiero; de sonreír y fingir que soy feliz. Hoy no tengo tiempo de decir mentiras que creerás con una facilidad impresionante. No quiero jugar con un "para siempre", ni siquiera con un "probablemente". 

Estoy ocupada con mi vida y no quiero preocuparme por imaginarme una contigo. Perdóname, pero resulta que no quiero fabricarte recuerdos, porque después tendrás muchos que deshechar sin mi ayuda y, te repito: estoy ocupada. 

Te escribo rápido para que lo leas ahora y no planees disuadirme, te lo advierto: no va a funcionar. 

Disculpa mi voracidad, pero no hay nada que pueda hacer por ti. No deseo convertirme en una herida más, ya no quiero volverme olvido, ni ausencia y sí, ésto sólo se trata de mí. No me place rondar por tu mente de tanto en tanto, para después tener que irme repentinamente sin despedidas porque francamente, es algo que no disfruto.  

Entonces, perdóname, pero no está en mis planes romper tu corazón. Hoy no tengo tiempo, sin embargo, ya será otro día... Mañana, tal vez.



A.A.

martes, 28 de abril de 2015

A pesar del tiempo.

Todo empieza con una explicación, la mía es la siguiente:

A veces, la vida nos regala ciertos bellos momentos que no llegamos a apreciar completamente y que sólo pasan ante nuestros ojos como lo que son: momentos... Sin embargo, hoy quiero hacer un recuento de ellos en torno a una persona que ha hecho posible que conozca tigres y cronopios, una persona que me ha pintado muchos cielos y que es capaz de llevarme a Cuba, a Madrid y a otras vidas con sus canciones. 

Esto es únicamente una prueba de lo que da, una retribución más después de todo lo que ha hecho, una muestra de la manera en la que toca no sólo mi corazón, sino muchos otros con el alma que le impregna a su música. Esto es un agradecimiento.

Gracias por darnos una parte de otro país y por llevarla tantas veces contigo, por la poesía que queda en el eco de tu voz, por las historias que has compartido y que forman parte del día a día, por las palabras que ahora guardo en un veliz. Gracias por el tiempo que muchas veces logras detener sin darte cuenta, por los recuerdos fabricados, por los evocados. Gracias por darle belleza a las noches de insomnio; por acompañarlas, sin importar en dónde estés. Gracias por tanto. 

Ojalá supieras lo que provocas cada que tus dedos acarician las cuerdas de una guitarra... Y aunque probablemente tienes una idea, el egoísmo de conservarte en cada vida es tal, que casi nadie se detiene a recordártelo; de manera que una mínima parte no me parece suficiente.

Por eso está aquí escrito, para que no lo olvides, para que las palabras (a pesar del tiempo) no se desvanezcan. 


Con toda la admiración, cariño y un beso muy grande,
para el cantautor Edgar Oceransky...



A.A.
Foto tomada por Arendy Avalos.

lunes, 27 de abril de 2015

Sobrantes. Faltantes.

Me sobra tu ausencia. Me sobran las canciones que quería mostrarte para que dieras tu opinión, para que vivieran por momentos entre los susurros de tu voz mientras caminabas por una acera a la que ahora, le faltan tus pasos constantes. Me sobra la música que compartiste conmigo con la emoción que cada nota te provocaba. Me faltan las palabras que no pueden expresar lo mucho que aquí haces falta, mientras escribo bajo un cielo al que le sobran lágrimas, al que le falta color; escribo desde un mundo al que le haces falta tú, tus sonrisas y tus ojos con un brillo como el del sol.

Me faltan las risas en cada comida en la que no estás. Sobran cafeterías con americanos sin azúcar para ti. Me sobra el tiempo que no se ha detenido. Me sobran los momentos donde faltas tú. 

Le sobra ruido a cada ciudad que no visitaste. Le sobran letras a los libros que no leíste, sobran todos los caminos por los que no anduviste. Me falta tu impaciencia, tu sed de un éxito que ahora sólo necesita tu voz. Le sobran cuerdas a cada guitarra que me encuentro, le sobran teclas a todos los pianos que necesitaban tus dedos y a la música le faltas tú, Ingeniero.

Y así, con sobrantes y faltantes te recuerdo y te recordaré sin que aquí existan hojas caídas de algún árbol o algún corazón.* 


Para Martín Villalpando Camarena en su cumpleaños
con el cariño de siempre y para siempre...



A.A.


Foto: Twitter
* Alusión a "El Estudiante de Salamanca" de Jorge de Espronceda. 

jueves, 2 de abril de 2015

No sé qué espero.

Me he quedado sin palabras para regalarte, pero siguen los pensamientos, y esos pensamientos, la mayor parte del tiempo me llevan a ti, a tus ojos, a tus manos que sin tocarlas sienten cosquillas, a mis Converse sucios que al parecer, lo único que saben decir es tu nombre; a tu nombre que vive en mi casa todos y cada uno de los días que pasan y que (antes de ti) podía pronunciar perfectamente, pero que ahora mi garganta ya no puede decir sin temor a que los recuerdos lleguen juntos... O uno por uno, en diferentes momentos del día; pero no importa ni cómo, ni cuándo lleguen: llegan y duelen.

Así que ésto, no son palabras, son los pensamientos acumulados después de 7 meses de extrañarte y no poder estar contigo, de verte desde lejos y preguntarme ¿Qué hubiera pasado? Pero en "hubiera(s)" se me va el tiempo y el tiempo nos roba la vida. 

No estoy bien... Y no estoy bien porque sigo esperándote, aunque ya no tengas intenciones de regresar... Me gustaría saber qué piensas, qué estás pensando justo en este momento, qué sientes. 

Siempre me he preguntado por qué las personas no cumplen las promesas que hacen, y creo que algunas, porque no quieren; otras, porque no pueden y otras (como yo) porque no saben cómo hacerlo.

La verdad, ya ni siquiera sé qué espero. No espero que regreses, porque te conozco y sé que no lo vas a hacer. No espero dejar de verte, porque ningún lugar es lo suficientemente grande para los dos y nuestros recuerdos. No espero olvidarme de todo, porque se me da bien eso de recordar. No espero dejar de quererte, porque en éstos días es imposible. Ya no sé qué espero. A lo mejor estoy a la espera de nada... Sólo me gustaría ser yo quien puede hablar contigo todos los días sin temor de que el tiempo se acabe, me gustaría no estar escribiendo ésto.

No quiero ver cómo te vas, porque no quiero que te vayas; aunque el factor común sea que siempre lo hagas. Ojalá éstos meses no hubieran pasado tan rápido, tan sin ti. "Es mejor terminar en llamas (...)"* pero yo no quería que terminara; sin embargo, si no vas a quedarte ésta vez, puedo seguir escribiéndote.



A.A.

Ésta carta fue escrita el 28 de Marzo del año 2014.



* "Es mejor terminar en llamas, que apagarse". A.R.

martes, 17 de marzo de 2015

Secuelas.

No buscaba a nadie. No quería querer a nadie hasta que vi tu sonrisa y tus ojos, hasta que escuché tu risa y pensé que podría escucharla las veces que fueran necesarias, con tal de saber que eras feliz. Mi temor de quererte iba creciendo cada día de invierno un poco más, hasta que decidí que el miedo no importaba, que te daría todo el cariño que pudiera para sanar tus heridas, pero te convertiste en una; decidí quererte como te mereces, decidí darte una versión de mí que había olvidado; fue imposible no quererte como lo hice y tanto era ese cariño, que no imaginé que volvería a estar sin ti en tan poco tiempo.

Todo contigo era mejor (o al menos así parecía). Mis mañanas no eran tan frías con mis brazos al rededor de tu cuello; no me sentía tan pequeña cuando abrazaba tu espalda y sonreía con mis labios pegados a tu piel. Y de repente... un día ya no estabas. Ya no me esperaban tus mensajes al despertar, pero seguía soñando contigo; de un día a otro, mis manos estaban vacías porque nunca te habían tenido,

¿Y todas las cosas que quería contarte y ya no puedo? ¿Qué hago con las personas que me recuerdan constantemente tu nombre, tu existencia? ¿Qué hago con los recuerdos de las calles por las que anduvimos? No recuerdo cuál fue nuestro último beso, pero me pasé mucho tiempo recordando el primero.

No quise olvidarte sin motivos; pero quería que supieras que te quise y que te mereces que te quieran tanto como yo y más, si es posible.

Ojalá hubiera podido convertirme en lo que necesitas, pero no supe qué era y tú sigues sin saber qué es. Ojalá hubiera aprovechado más el tiempo que te tuve conmigo, para no extrañarte como lo hice todos los días desde que te fuiste. 



A.A

miércoles, 11 de marzo de 2015

Restos

He llegado a un momento de mi vida en el que no me siento sola, gracias a las personas que me rodean cada día; pero sigo teniendo el anhelo de compartir emociones con alguien más, con otra soledad, quizá...

A lo mejor sí soy esa niña a la que una vez le dijeron que no sabía lo que se necesita para querer y ése sea mi problema. A lo mejor soy una persona que, con la intensidad de sus sentimientos hace que el sentir de los demás parezca menor, aunque no lo sea. Puede que también piense que mi corazón basta para dos personas y, la verdad, es que el mismo es tan pequeño como yo. Probablemente estoy buscando y hablando del amor, pero nadie lo conoce realmente. Quizá siempre busco lo eterno en lo efímero y se me va consumiendo la vida en ello, porque nada es permanente. O espero demasiado de todos. O doy siempre más de lo que recibo y voy dejando pedazos de sentimientos, voy dejando piezas del rompecabezas de mi alma y de mi corazón; voy quedándome vacía; porque el que mucho da, con poco se queda.

A lo mejor quien escribe ésto no soy yo... son mis restos. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Estás en la eternidad.

Nunca ningunas palabras serán suficientes y no encontraré las necesarias para decirte adiós. No recuerdo cuándo fue la última vez que te vi. No recuerdo qué fue lo último que me dijiste; pero sé que ya te extraño.

Sé que extrañaré tu constante insomnio, tus indispensables tazas de café, la pasión que le dedicabas a tu trabajo y el amor incondicional que le entregabas a tu familia. Entrañaré tus ojos risueños y tu sonrisa sincera, tus consejos y tus palabras de consuelo que tanto me hacen falta en este momento... Pero hoy no me estoy despidiendo de ti. Hoy hago el recuento de lo afortunada que soy y lo afortunados que somos todos por tenerte en ciertos momentos de la vida; de poder escuchar tu voz y de recordarla ahora como la mejor melodía de todas; de admirar la manera en la que acariciabas cada tecla del piano y las cuerdas de la guitarra para darle un sentido más a cada nota; de reír a carcajadas con los diálogos de las películas que habitaban en tu memoria y pensar en la alegría que debieron tener arriba al verte llegar antes de tiempo.

Hago el recuento de lo afortunados que somos los que compartimos contigo momentos y una copa de vino... Y sé que ya te extraño. Sin embargo, sé que cada canción nos hablará de ti de alguna manera sin mencionarte, sé que nos volveremos a encontrar y que estarás al final del arcoiris.

Sé que no te has ido y que no te irás; porque lo que el alma escribe, no se borra.

Nos volveremos a encontrar, estás en la eternidad.



Para Martín Villalpando Camarena, con el cariño de siempre y para siempre:

A.A.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Qué estás haciendo conmigo?

Me gusta tenerte. Me gusta sonreír cuando me dices que te tengo y pensar que no es cierto, pero seguir sonriendo porque estás. Porque estoy contigo. Porque sabes que esto que primero dejo en tinta y papel es por ti y porque sé que en algún momento lo vas a leer. 

Hace no mucho tiempo te di las gracias por llegar a mi vida y hoy quiero agradecerte otra vez, por encontrarme, porque cuando "me encontraste", me encontré yo (otra vez) y porque también me he perdido contigo, con nosotros y con lo que el "nosotros" implica.

Te quiero. Te quiero por enseñarme que no necesitaba un príncipe azul, que necesitaba a alguien real, alguien como tú. Necesitaba con quién compartir momentos, con quién compartir días, noches y algunas madrugadas, alguien que cuidara (y descuidara) mis horas de sueño, alguien que se riera de mi torpeza, pero me ayudara a reparar los daños de ella.

Casi olvidaba lo que es escribir como lo hago en éste momento, pero me lo recordaste, así como me recordaste que no hace falta más que el cariño suficiente para que dos personas puedan estar juntas; porque con mis defectos y los tuyos, con las cosas que tenemos en común, con las películas que te encantan y no he visto, con las comidas deliciosas y raras que hay en el mundo y con el futuro desconocido que nos espera todos los días: aquí estamos.

Sin embargo, después de todo; sólo tengo una pregunta para ti: ¿Qué demonios estás haciendo conmigo?



A.A

martes, 20 de enero de 2015

Estaba bien, pero llegaste tú...

Yo estaba bien. Estaba bien, pero llegaste tú. Llegaron tus ojos que casi no ven, con ese brillo imperceptible en ellos. Llegaron tus brazos a rodearme, volviéndose casi necesarios; llegó tu voz alegre, llegaron tus letras a interrumpir mi sueño y de pronto, dormir no me parecía tan importante.

Aparecieron tus pasos y tu sombra a acompañarme en pequeños caminos. Estaba bien hasta que tus besos me recordaron las promesas que se quedan implícitas en cada uno. No me preocupaba el tiempo, porque sólo lo veía correr y ahora, quisiera que fuera más lento para que no se me acabaran los momentos contigo.

Estaba bien sin pedir deseos, sin esperar nada, estaba bien sin soñar; mis sonrisas no querían otro motivo. Mis pensamientos estaban tranquilos, en orden, sin nada que los cambiara, pero llegó tu locura a agravar la mía y a convertirse en mi medicina. Mi memoria ya no tenía fechas para recordar. Mi curiosidad cesó, hasta que llegaste y quise saber más de ti y de lo que te gustaba, para darme cuenta si aparecía en la lista.

Mis fines de semana eran demasiado cortos, pero tu ausencia los hizo algo cercano a lo permanente. Mi soledad era una buena compañía, pero decidió irse cuando te vi. El palpitar de mi corazón tenía un ritmo constante, pero apareciste tú y alteraste su paso. Mi cariño no necesitaba a quién querer, pero ya te quiere. Yo estaba bien; hasta que llegó tu vida a complementar la mía.


A.A