He aquí el recuento de todo lo que nos faltó por dar, lo que no hicimos desde que te conozco; desde que creo tener una idea de quién eres -acertada o no-. Todo lo que nos debemos desde el principio:
Me debes los besos que me mandaste y dejaste para que se perdieran en el viento. Te debo todo lo que pude escribirte, pero que no supe si leerías. Nos debemos las calles por las que no anduvimos. Me debes tu voz en mis oídos, tus susurros tranquilos. Nos debemos los viajes que planeamos, los cafés y los recuerdos pendientes. Nos debemos las sonrisas y los sentimientos que pudimos provocarnos, las risas mutuas que no escuchamos. Nos debemos el placer de sabernos, de querernos.
Te debo lo que no soy y la sorpresa de que me encuentres. Tus ojos me deben las miradas que nunca vi y los míos te deben su resplandor por momentos. Te debo lo que no tuve el valor de decirte. Me debes las despedidas que olvidaste por tu insoportable costumbre de desaparecer.
Me debo tantita fuerza de voluntad para dejar de esperarte y tú, te debes la oportunidad de quedarte. Nos debemos y nos deberemos mucho, aunque... A fin de cuentas, ninguno de los dos pague.
A.A.
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