martes, 20 de enero de 2015

Estaba bien, pero llegaste tú...

Yo estaba bien. Estaba bien, pero llegaste tú. Llegaron tus ojos que casi no ven, con ese brillo imperceptible en ellos. Llegaron tus brazos a rodearme, volviéndose casi necesarios; llegó tu voz alegre, llegaron tus letras a interrumpir mi sueño y de pronto, dormir no me parecía tan importante.

Aparecieron tus pasos y tu sombra a acompañarme en pequeños caminos. Estaba bien hasta que tus besos me recordaron las promesas que se quedan implícitas en cada uno. No me preocupaba el tiempo, porque sólo lo veía correr y ahora, quisiera que fuera más lento para que no se me acabaran los momentos contigo.

Estaba bien sin pedir deseos, sin esperar nada, estaba bien sin soñar; mis sonrisas no querían otro motivo. Mis pensamientos estaban tranquilos, en orden, sin nada que los cambiara, pero llegó tu locura a agravar la mía y a convertirse en mi medicina. Mi memoria ya no tenía fechas para recordar. Mi curiosidad cesó, hasta que llegaste y quise saber más de ti y de lo que te gustaba, para darme cuenta si aparecía en la lista.

Mis fines de semana eran demasiado cortos, pero tu ausencia los hizo algo cercano a lo permanente. Mi soledad era una buena compañía, pero decidió irse cuando te vi. El palpitar de mi corazón tenía un ritmo constante, pero apareciste tú y alteraste su paso. Mi cariño no necesitaba a quién querer, pero ya te quiere. Yo estaba bien; hasta que llegó tu vida a complementar la mía.


A.A

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