miércoles, 26 de agosto de 2015

Carpe diem.

Desperté como cualquier día, esperando que fuera algo monótono, rutinario... Pero no sucedió. 

Había olvidado lo que era despertar temprano y vi un amanecer que, a pesar del tiempo, seguía en mi nombre. Compré un café y descubrí, al acercarme al buzón de quejas y sugerencias que quería encontrar alguna que pudiera ser aplicable a mi vida. 

Caminé más de dos veces por los mismos camios, encontrándome algo nuevo cada vez; me siguió alguien que tampoco sabía a dónde iba; me perdí (desde hace mucho) y hoy, continuó la incertidumbre de no saber en dónde podía encontrarme. 

Leí poesía, derramaba contadas lágrimas y le daba los mismos cinco colores intermitentes a las páginas de un libro que terminó repleto de ellos, mientras el sol me golpeaba la espalda y por momentos llegaban las nubes a minimizar la sensación. 

Abracé a mi pasado vigente y me encontré a varios de mis errores vestidos de blanco. Escuché una historia de amor enredada y sonreí para mis adentros, porque el amor no tiene otra forma de ser. Me sumergí en el silencio de estantes llenos de letras, líneas e historia(s) hasta que, después de todo, localicé lo que necesitaba. 

Observé la escala de grises que se me presentaba en el cristal de la ventara, para finalmente, mientras el cielo se apagaba y la ciudad se encendía poco a poco, regresar a casa por la ruta que conozco.



A.A.

No hay comentarios:

Publicar un comentario