Nunca ningunas palabras serán suficientes y no encontraré las necesarias para decirte adiós. No recuerdo cuándo fue la última vez que te vi. No recuerdo qué fue lo último que me dijiste; pero sé que ya te extraño.
Sé que extrañaré tu constante insomnio, tus indispensables tazas de café, la pasión que le dedicabas a tu trabajo y el amor incondicional que le entregabas a tu familia. Entrañaré tus ojos risueños y tu sonrisa sincera, tus consejos y tus palabras de consuelo que tanto me hacen falta en este momento... Pero hoy no me estoy despidiendo de ti. Hoy hago el recuento de lo afortunada que soy y lo afortunados que somos todos por tenerte en ciertos momentos de la vida; de poder escuchar tu voz y de recordarla ahora como la mejor melodía de todas; de admirar la manera en la que acariciabas cada tecla del piano y las cuerdas de la guitarra para darle un sentido más a cada nota; de reír a carcajadas con los diálogos de las películas que habitaban en tu memoria y pensar en la alegría que debieron tener arriba al verte llegar antes de tiempo.
Hago el recuento de lo afortunados que somos los que compartimos contigo momentos y una copa de vino... Y sé que ya te extraño. Sin embargo, sé que cada canción nos hablará de ti de alguna manera sin mencionarte, sé que nos volveremos a encontrar y que estarás al final del arcoiris.
Sé que no te has ido y que no te irás; porque lo que el alma escribe, no se borra.
Nos volveremos a encontrar, estás en la eternidad.
Para Martín Villalpando Camarena, con el cariño de siempre y para siempre:
A.A.
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