Quédate hoy para que me hables de la exageración del petricor a todas horas, para que me expliques cómo es el mundo y me cuentes qué tanto hiciste cuando aún no estaba. Quédate para encontrarnos aunque estemos perdidos.
Quédate mañana, abrázame las ilusiones. Quédate para cantarte de madrugada las cosas de las que no me olvido, para que me deshagas con los dedos los nudos del cabello y con besos los que traigo en la garganta.
Quédate para tomar y embriagarnos de vida, aunque después tengamos sueño; para trazar con los lunares de tu cuerpo y el mío el mismo camino; para que salga el sol, para poder ver la luna.
Quédate porque la ausencia perjudica. Quédate para quitarnos los miedos, para ver de lejos la melancolía, para saber en dónde estamos, para que me hables de los amores que llevas en la memoria y te cuelgues mi recuerdo del cuello; para confesarte los amores que voy dejando en cada libro. Quédate sin motivos.
Quédate siempre que para mí eres.
A.A.
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