domingo, 25 de enero de 2015

¿Qué estás haciendo conmigo?

Me gusta tenerte. Me gusta sonreír cuando me dices que te tengo y pensar que no es cierto, pero seguir sonriendo porque estás. Porque estoy contigo. Porque sabes que esto que primero dejo en tinta y papel es por ti y porque sé que en algún momento lo vas a leer. 

Hace no mucho tiempo te di las gracias por llegar a mi vida y hoy quiero agradecerte otra vez, por encontrarme, porque cuando "me encontraste", me encontré yo (otra vez) y porque también me he perdido contigo, con nosotros y con lo que el "nosotros" implica.

Te quiero. Te quiero por enseñarme que no necesitaba un príncipe azul, que necesitaba a alguien real, alguien como tú. Necesitaba con quién compartir momentos, con quién compartir días, noches y algunas madrugadas, alguien que cuidara (y descuidara) mis horas de sueño, alguien que se riera de mi torpeza, pero me ayudara a reparar los daños de ella.

Casi olvidaba lo que es escribir como lo hago en éste momento, pero me lo recordaste, así como me recordaste que no hace falta más que el cariño suficiente para que dos personas puedan estar juntas; porque con mis defectos y los tuyos, con las cosas que tenemos en común, con las películas que te encantan y no he visto, con las comidas deliciosas y raras que hay en el mundo y con el futuro desconocido que nos espera todos los días: aquí estamos.

Sin embargo, después de todo; sólo tengo una pregunta para ti: ¿Qué demonios estás haciendo conmigo?



A.A

martes, 20 de enero de 2015

Estaba bien, pero llegaste tú...

Yo estaba bien. Estaba bien, pero llegaste tú. Llegaron tus ojos que casi no ven, con ese brillo imperceptible en ellos. Llegaron tus brazos a rodearme, volviéndose casi necesarios; llegó tu voz alegre, llegaron tus letras a interrumpir mi sueño y de pronto, dormir no me parecía tan importante.

Aparecieron tus pasos y tu sombra a acompañarme en pequeños caminos. Estaba bien hasta que tus besos me recordaron las promesas que se quedan implícitas en cada uno. No me preocupaba el tiempo, porque sólo lo veía correr y ahora, quisiera que fuera más lento para que no se me acabaran los momentos contigo.

Estaba bien sin pedir deseos, sin esperar nada, estaba bien sin soñar; mis sonrisas no querían otro motivo. Mis pensamientos estaban tranquilos, en orden, sin nada que los cambiara, pero llegó tu locura a agravar la mía y a convertirse en mi medicina. Mi memoria ya no tenía fechas para recordar. Mi curiosidad cesó, hasta que llegaste y quise saber más de ti y de lo que te gustaba, para darme cuenta si aparecía en la lista.

Mis fines de semana eran demasiado cortos, pero tu ausencia los hizo algo cercano a lo permanente. Mi soledad era una buena compañía, pero decidió irse cuando te vi. El palpitar de mi corazón tenía un ritmo constante, pero apareciste tú y alteraste su paso. Mi cariño no necesitaba a quién querer, pero ya te quiere. Yo estaba bien; hasta que llegó tu vida a complementar la mía.


A.A