martes, 16 de febrero de 2016

Invisible

Te escucho en la voz de quien te enseñó a cantar y se hace un nudo en mi garganta. Te siento en las emociones incompletas de quien te mostró el mundo y se me llenan los ojos de lágrimas. Abrazo tus sueños en las tres personas que más te extrañan, mismas en las que me encuentro tus sonrisas, tus guiños y tus gestos.

Te veo entre la cortina de cabello negro por la que dejaste algo para descubrirlo todo, para descubrirte tú. Te encuentro en todas y cada una de las canciones que escucho, sin excepción; en las ideas escritas que guardo pero nunca consigo unir. Estás en cada vuelo que emprendo; estás invisible, pero latente en las hojas en blanco que llegan a mis manos. Te siento en la piel de personas que no conozco. Veo tu sonrisa creciente en la luna y sé que a pesar de todo, no te irás, aunque el insoportable dolor de tu partida no desaparezca.

Me hace falta tu abrazo, tu promesa del cigarro y tu guitarra al hombro, tan cerca de tu espalda. Me hace falta que te lleves el insomnio que me dejaste de recuerdo. Me hace falta dejar de buscarte en todos, porque lo que  realmente quiero es saber de ti, que estás aquí.

Sin embargo, no importa cuánto tiempo pase; si es un año, un siglo o una vida, siempre estarás conmigo, siempre estarás en mí.

Por y para Martín Villalpando Camarena, con el cariño indeleble de siempre...


A.A.