sábado, 28 de noviembre de 2015

Ósculo(s).

Hay algunos con los que te derrites en el infierno y te haces nube al mismo tiempo; que te hacen sentir que llevas las cuatro estaciones dentro, que ya no tienes que llegar al final del arcoiris porque estás en la cima y desde ahí disfrutas la vista; otros, con los que te dan ganas de ver tu reflejo en los charcos pequeños que dejan los aguaceros, como recordar un buen sueño, como los inesperados reencuentros...

Otros más con los que ya no es necesario voltear al cielo para ver la luna, porque la encuentras en una mirada, como si un músico te cantara una de sus inéditas canciones al oído, como si supieras elegir cuál de todas las existentes es tu favorita. Algunos que te hacen sentir la misma tranquilidad que cuando apagas la luz de una vela, como un suspiro que a tiempo llega, que nadie cuenta; como la tempestad inminente, como la calma que le sucede. 

La misma sensación que la primer y última lágrima dejan, como si el sol no saliera tan lento, como si la noche durara más tiempo, como si el tiempo se detuviera... Como si nada más existiera. Hay unos que te hacen sentir la calidez de un abrazo, perder el miedo a quedarte, a encontrarte; que te solucionan la vida complicándotela, llenándotela; que te cierran las heridas, aunque se conviertan en una; algunos que te hacen olvidar lo que el olvido es y que te llevan más lento para saber cuándo decir "te quiero".

Placeres de la vida que disfrutas con los ojos cerrados y el alma desnuda. Hay unos que valen la pena ser leídos, afortunados son quienes los han vivido. ¡Y es que con besos así podría enamorarme todos los días! Así de sencillo. Con tan sólo tres veces, con tan sólo tres besos, con tan sólo tres versos.

A.A.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Querer queriendo.

¿Que si te quiero? Querer, a muchos nos da pánico, nos da miedo. "Querer" es una palabra llena de preguntas, de acertijos, de dudas. Querer evoluciona, te atrapa, te espera, te arrumba, te derrota. Te derrota la incertidumbre de saber que ya no te perteneces íntegramente; de no saber expresar qué sientes en el estómago, en el pecho; de no poder explicar por qué de repente, todo parece nuevo...

¿Qué si te quiero? No es malo, ¿cierto? Uno puede querer aunque dé miedo, aunque el recuerdo duela después de un lapso; querer a pesar de las heridas que no cierra el tiempo. Querer sabiendo que no hay que entregarlo todo, porque no es necesario; que dar y recibir son dos palabras que van implícitas en el mismo verbo.

Querer a momentos, momentos de tiempo completo. Querer entre líneas, querer en prosa, querer en verso. Querer en poema, en canción, con letras; querer con ruido, querer en silencio. Querer para descubrir al destino, para crear nuevos universos de sentido. Querer estando, inventando, pero sobre todo, querer repleto. Querer a vivir, porque querer a morir es demasiado sencillo. Querer viviendo.

Que sí, te quiero.


A.A.