lunes, 28 de septiembre de 2015

Puerta cerrada.

"Adiós" fue la última palabra que escuché de su voz. ¿En serio se iba? Sí. En serio. Se fue. Se fue llevándose muchos de mis días felices guardados en su maleta y dejándome impotencia con las llaves que tenía de la puerta. Misma puerta que lo despidió con un sonido titubeante mientras la cerraba, como si ella también supiera que era la última vez que sus dedos rozaban el marco de madera. 

Cerró la puerta de la misma manera que cerró mi pecho en el momento de su partida y me dejó fuera, fuera de mis emociones, de cualquier sensación. Cerró mi pecho cuando estaba fuera de mí... Por lo tanto, cuando regresé a ver si algo había quedado antes de convertirme en el desastre que era, sólo encontré el eco que me devolvía el otro lado de la cerradura. Encontré una rara especie de vacío, encontré las ruinas del amor que nos habíamos tenido.

Me encontré con las ganas de asignarle un recuerdo a cada gota de lluvia, para que al día siguiente, amanecieran evaporados, acumulados en un lugar desconocido. Me encontré con la duda de ¿cómo hace un cuerpo para seguir funcionando incompleto? ¿Cómo se las ingenia para que aún estando roto, no escuchen otros el sonido que hacen a cada paso sus piezas?

Todavía no sé la respuesta.



A.A.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Instantes y despedidas.

Todo sucedió por instantes. Mi mirada y la suya se encontraron mientras llegaba. Después, cuando ambos sonreíamos; cuando a unos metros de él, hablaba de las coincidencias de la vida; cuando me senté cerca de su cuerpo y en seguida entablamos una irrelevante conversación y me distraían las preguntas que se formulaban a nuestro alrededor. Se encontraron cuando discutíamos sobre el tiempo y por fin, no sólo se hallaron nuestras miradas, se tropezó (por milésimas) también nuestro tacto.

Todo continuó en instantes. Palabras entrecruzadas, interminables miradas, sonrisas debajo del cristal de un vaso, emoción contenida debajo de la piel, la música resonando en los oídos de los que estábamos presentes; pasos de baile con alguien que no conocía, con quien me interrogaba para que le contestara con toda la verdad y una sola mentira...

Hasta que finalmente, nuestros cuerpos se descubrieron coordinados. Todo instantes. Mis labios formaban cada una de las sonrisas que me pedía, mis brazos giraban como él quería y mi corazón era un solo latido, interrumpido por la adrenalina.

Y de repente, se nos fue la tarde. Besos en la mejilla. Instantes. Despedidas. No quise decirle mi nombre por temor a que lo olvidara y así, con la certeza de no volver a vernos una vez más, nos dijimos adiós entre los segundos eternos de alevosía de nuestro primer y último beso.


A.A.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Propuesta

Ven a vivir conmigo, ven a quitarle a mis pies el frío; ven para que tu temperatura y la mía formen con mercurio la palabra juntos. Ven y trae la primavera a vivir con nosotros. Vive conmigo para sentir la fuerza de tu abrazo arqueando mi cintura mientras me abrazo a tu cuello, para que te des cuenta de lo bien que me sienta sentarme a tu lado; para pegar mi mejilla a tu pecho, para que tu latido sea mi compás, para no tener que despedirnos por más de un día, para recordarte teniéndote cerca.

Ven a desordenar mis ideas y mi cabello con las yemas de tus dedos. Ven a vivir conmigo para que hablando de besos, nos volvamos uno, para separar las oraciones con ellos; para hacer que 14 segundos se queden en la memoria de nuestros labios. Ven para detener el tiempo, para hablar de madrugada cuando el insomnio llegue inesperadamente a visitarnos; para que me cuentes de nuevo lo mucho que te enoja el mundo, para con una sonrisa alentarte a que lo cambies, como cambiaste el mío. Ven a contarme en otro idioma, antes de dormir, los viajes que has hecho, ven a planear los que tú y yo haremos.

Ven para disfrutar los días nublados, para gozar los golpes de las gotas de lluvia en las ventanas. Ven a vivir conmigo y hazme desistir del propósito de ocultarte cuánto te necesito. Ven a vivir conmigo para dejar de preguntarnos cómo sería, para saber si nuestros desórdenes juntos funcionarían.



A.A.