Nuestra historia fue un inicio intermitente en una despedida constante. Nosotros, somos el ciclo de lo inevitable; tu pasado insmiscuyéndose en el presente que tenía para regalarte y mi terquedad y mi impaciencia, que nunca me dejaron quedarme.
Hoy, el reloj sigue corriendo y en mi memoria permanecen tus palabras, que se me van apareciendo entre personas que nada tienen que ver contigo; como tus caricias, que voy buscando en manos desconocidas para al final del día, resignarme a olvidarlas, dándome cuenta de que encontrarte diariamente se me volvió una terrible costumbre.
Hoy, después de demasiado, de lo que hemos -y no- pasado juntos o cada quien por su lado, te digo por octava y última vez que, aunque sé que me dueles y podrás dolerme por un plazo indefinido de reencuentros, he dejado de esperar tu regreso; con la excepción de que ahora... Ahora lo digo en serio.
A.A.