Sigo viéndote. Especialmente cuando cierro los ojos. Cuando recuerdo nuestras promesas, nuestras palabras y tu voz como el sonido que más anhelaba escuchar todos los días. Te veo en los lugares que queríamos visitar juntos y que ahora, son los mismos a los que nunca llegamos, los mimos que ya no frecuento.
Te siento cuando la lluvia cae y azota mi ventana, cuando el sol invade mis poros, cuando las ráfagas de viento provocan que cierre los ojos y te vea de nuevo. Y aunque sea por esas fracciones de segundo, sé que sigues en mí. Te siento en el corazón averiado que late en mi pecho desde que te fuiste, desde que volvimos a decirnos adiós.
A veces, me gustaría dejarte. Dejarte atrás entre los pasos que doy por las aceras, en los suspiros que se me escapan cuando me acuerdo de ti o en las sonrisas que les devuelvo a los desconocidos que se cruzan en mi camino y que jamás vuelvo a encontrarme. Te dejaría si no estuvieras en todas partes, pero al dejarte, me dejaría también a mí.
A.A.