lunes, 11 de agosto de 2014

Indiferencia

Hagamos un trato: 

Yo no hablaré de ti, si tu prometes tampoco mencionar mi nombre. No le digas a nadie que fui yo esa que sonreía cuando te veía y yo no diré que eras motivo de sonrisas. No hay que decir lo mucho que disfrutábamos platicar por horas, hasta tarde, de madrugada. No es mi mirada la que se cruza con la tuya de tanto en tanto. No es mi recuerdo el que pasa por tu cabeza cuando ves unos labios rojos. No soy yo.

Hablemos de la nada. Hablemos de nosotros.

No hay que contar cuántas veces nos encontramos sin buscarnos, pero queriendo vernos con ansias después de horas. No son mis ojos los que con cariño veías, ni son tus manos las que saben abrazarme a la perfección. No somos cenizas que quedaron porque terminamos en un abrasador incendio.

Que tu memoria no llegue a mejorar, para que no puedas pensar en las cosas que cambiarías si tuvieras la oportunidad, ni en los momentos que desperdiciamos y prometo que no inventaré una máquina del tiempo. Que tu conciencia no te traicione, porque la mía no lo hará. Que tu cordura no se vea afectada por lo pequeño que es el mundo en el que estamos todos los días, hay suficientes locos en el mundo. 

Hagamos ese trato implícito que hacen dos personas cuando las historias son brutalmente interrumpidas. 
Finjamos que no nos quisimos. Podrás caminar tan tranquilo como siempre y yo no te regresaré la mirada; porque las miradas son uno de los más bellos contactos a distancia. Olvidemos las palabras que dijimos y lo que sentimos; que tus labios olviden los míos, que los míos encontrarán la manera de hacerlo... 

...Es más ¿quién eres?


A.A.